Declarar el uso de IA y lo que se ha comprobado
La utilidad de la declaración
En un material creado con vibe coding el código lo escribe la inteligencia artificial (IA), y lo habitual es que nadie lo haya revisado línea a línea. Las personas que lo reutilicen necesitan saberlo para decidir cuánto pueden fiarse de él, igual que necesitan saber qué parte ha comprobado su autor. La declaración de uso de IA responde a esas dos preguntas en un par de frases.
La transparencia es uno de los principios éticos de la «Guía sobre el uso de la inteligencia artificial en el ámbito educativo» del Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado (INTEF), según el cual alumnado y profesorado deben conocer cuándo se utiliza la IA, cómo funciona y cuáles son sus limitaciones. El Centro Nacional de Desarrollo Curricular en Sistemas no Propietarios (CEDEC), en su artículo sobre la Jornada sobre Software Libre e Inteligencia Artificial Abierta (seLIA), propone compartir junto con cada recurso qué herramientas se usaron, qué se revisó a mano y qué se generó de forma automática. Lo resume diciendo que esa documentación «no es una capa de burocracia, es una capa de honestidad» hacia la comunidad que va a reutilizar el recurso.
La obligación legal de declarar
En la Unión Europea, el Reglamento de IA establece en su artículo 50 unas obligaciones de transparencia que se aplican desde el 2 de agosto de 2026. La mayor parte recae en los proveedores de los sistemas de IA, que deben marcar los contenidos generados de forma que pueda detectarse su origen. Los proveedores cuyos sistemas ya estaban en el mercado antes de esa fecha tienen hasta el 2 de diciembre de 2026 para hacerlo, según la modificación introducida por el Reglamento (UE) 2026/1744. A las personas que utilizan esos sistemas les obliga a declararlo en dos casos: cuando difunden imágenes, audios o vídeos generados o manipulados que se asemejan a personas, objetos, lugares, entidades o sucesos reales y pueden tomarse por auténticos, lo que el Reglamento llama ultrasuplantación, y cuando publican textos para informar sobre asuntos de interés público sin que hayan pasado por una revisión humana o un control editorial del que alguien se haga responsable.
Un material educativo revisado por su autor no suele entrar en esos casos, salvo que incluya imágenes, audios o vídeos realistas de ese tipo, como la recreación de un hecho histórico que pueda tomarse por auténtica. Fuera de ese caso, declarar el uso de IA es una buena práctica y no una exigencia legal. Otros países tienen normas distintas, y conviene consultarlas.
El contenido de la declaración
La declaración tiene que ser breve y concreta. Conviene que indique tres cosas:
- La herramienta utilizada. El nombre del chatbot, la plataforma o el agente con el que se ha creado el material.
- Lo que ha comprobado la persona. La corrección de los contenidos, el funcionamiento, el tratamiento de los datos o la accesibilidad. Es la parte que más informa, porque varía de un material a otro.
- La fecha. Las herramientas cambian con rapidez, y la fecha permite situar el material.
Una declaración de este tipo podría ser «Creado con [nombre de la herramienta] en septiembre de 2026. Se han revisado los contenidos y se ha probado el funcionamiento. No recoge datos». Lo mínimo es que figure dentro del propio material, junto a la licencia, para que lo acompañe cuando se descargue o se incruste en otra página. Así lo hace José Luis Miralles Bono en aplicaciones como ScoreSpacer, cuyo pie indica que se ha creado con ayuda de una IA concreta y que todo el procesamiento se hace en el navegador. Cuando el material es un proyecto con varios archivos, la misma declaración va en su documentación, con un enlace al registro de decisiones de la recomendación 7, que es el que explica cómo se hizo.
La intervención de la IA en los contenidos didácticos
En el código, la intervención de la IA es siempre la misma, así que graduarla no aporta nada. En los contenidos didácticos ocurre lo contrario. Las preguntas de un cuestionario pueden haberlas escrito enteras el docente, o puede haberlas generado la IA y el docente haberse limitado a validarlas, y esa diferencia importa a la persona que va a utilizarlas en su aula.
Para indicarla puede utilizarse el Marco para la integración de la IA generativa en las tareas educativas (MIAE), que gradúa la intervención en seis niveles, desde el trabajo completamente humano del nivel 0 hasta la supervisión humana de una IA autónoma del nivel 5. Para ello es suficiente con añadir el nivel a la declaración, por ejemplo «Contenidos de nivel 2 del MIAE, revisados por el autor». Esta guía lo aplica a sí misma, y su página de créditos indica que se ha elaborado en el nivel 4, el de la colaboración avanzada entre la persona y la IA.