Ofrecer el código para que otras personas lo adapten
La apertura en la práctica
La licencia libre da el permiso para reutilizar un material, pero el permiso resulta insuficiente si el material no puede obtenerse en una forma que permita trabajar con él. La Recomendación sobre los Recursos Educativos Abiertos (REA) de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) no habla solo de acceso, sino de reutilización, reconversión, adaptación y redistribución. El software libre lo plantea de forma parecida con sus cuatro libertades, entre las que están la de estudiar cómo funciona el programa y cambiarlo, y la de distribuir copias de las versiones modificadas, para las que el acceso al código es una condición necesaria. La Declaración sobre el conocimiento libre extiende la misma idea a cualquier recurso de conocimiento: es libre cuando cualquiera puede utilizarlo para cualquier fin, aprender de él, copiarlo, adaptarlo y compartir el resultado en beneficio de la comunidad.
El artículo «Mantener la “A” de abierto en los REA en tiempos de IA», del Centro Nacional de Desarrollo Curricular en Sistemas no Propietarios (CEDEC), lo concreta en un principio de simplicidad adaptable, según el cual conviene preferir lo funcional y sencillo a lo complejo y cerrado, y el criterio de calidad de un recurso es que pueda reutilizarse.
La obtención del material
Lo mínimo es que el material ofrezca su código para copiarlo o descargarlo. En la web de un chatbot y en las plataformas para crear aplicaciones se suele poder ver el código, pero las demás personas solo reciben un enlace, de modo que conviene añadir al propio material la forma de obtenerlo, o publicarlo aparte. Junto con el código conviene ofrecer la nota de decisiones de la recomendación 7, que permite a otra persona continuarlo sin tener que adivinar por qué está hecho así.
Lo recomendado es publicar el proyecto en un repositorio abierto, con una explicación de cómo usarlo y cómo modificarlo. Un repositorio permite, además, que otras personas propongan mejoras y que el autor las incorpore.
En un repositorio el código sigue cambiando después de publicarse, de modo que el enlace al proyecto lleva siempre a la versión más reciente. Para recuperar más adelante la versión exacta que se publicó, se utilizó en clase o se evaluó, conviene marcar cada versión publicada con una etiqueta de versión, o tag en la terminología de Git, como v1.0 o v1.1. La crea la IA al publicar, y basta con indicárselo una vez en sus instrucciones. Una etiqueta ya publicada no se mueve ni se reutiliza, porque dejaría de señalar lo que se publicó. Junto a ella puede anotarse el identificador del commit, el código que Git asigna a cada estado guardado del proyecto, que sirve de referencia exacta aunque la etiqueta se cambiara por error.
Un material fácil de adaptar
Un material es más reutilizable cuando el contenido está separado del funcionamiento. Un cuestionario cuyas preguntas están en una lista al principio del código, o en un archivo aparte, puede adaptarse a otra materia cambiando esa lista, sin tocar el resto. Conviene pedirlo a la inteligencia artificial (IA) desde el principio, junto con el código comentado de la recomendación 3 y la ausencia de dependencias de la recomendación 4, que son las otras dos condiciones que facilitan la adaptación.
También ayuda indicar en la documentación qué partes están pensadas para cambiarse, como los textos, los colores o el idioma. Una persona que quiera traducir el material, o ajustarlo a otro nivel educativo, encuentra así por dónde empezar.